¡Ya no puedo más! Sobre el autocuidado

¿Te suena, querido orientador? ¿Te suena lo de “¡ya no puedo más!”? El autocuidado es fundamental porque, al final, nadie da lo que no tiene.
Y en el día a día, ¿cómo gestionar todo esto del cuidarse si parece que nunca tenemos tiempo? Ahí van algunas pautas para empezar (hay muchas más que acometer).
- Dedícate tiempo. Haz cosas sencillas que te gusten, que te produzcan bienestar, que te hagan sentir a gusto. No hay patrones establecidos, cada uno disfruta de una manera. Para que no se te olviden o las pospongas, agéndalas, conviértelas en hábitos.
- Di no al victimismo. Valida tus emociones, pero no te ancles en ellas. Acepta y reconoce la emoción y solo con esto bajará su intensidad y, después, déjala pasar, déjala ir. Mete otra clavija en tu cabeza, distráela de esa emoción.
- Aprende a aceptar y no remes a contracorriente. Perdemos mucha energía en luchar o enfrentarnos a cosas sobre las que no tenemos control. Si puedes cambiarlo, hazlo, ponte a ello. Si no puedes cambiarlo, acéptalo y a otra cosa.
- ¿Qué o quién te quita serenidad? ¿Qué te quita la paz? ¿Quién te quita la paz? Identifica y desgrana por qué te desasosiega. Si puedes, aléjate. Si no puedes alejarte, tendrás que aprender a “ponerte un chubasquero” para impermeabilizar el dolor que te causa.
- Aprende el valor de la ayuda. De pedir ayuda (porque te hace autoreconocerte como vulnerable y necesitado de los demás) y de ofrecer ayuda (por lo gratificante que es y porque te hace salir de la espiral que tiene el centro en tu ombligo).
- Cuida tus neurotransmisores. Estos son los mensajeros químicos que transportan, impulsan y equilibran las señales entre las neuronas. Oxitocina, cortisol, adrenalina, acetilcolina, dopamina… son algunos de ellos o algunos que funcionan como tales. Nuestros hábitos físicos y mentales tienen mucho que ver con su segregación, lee e investiga un poco sobre ello y haz pequeños cambios en tus rutinas diarias.
- ¡Ojo con tu locutor interno, ese que todo lo narra! ¿Qué te dices a ti mismo? Observa tu diálogo interno. El poder de la palabra y el poder de nuestros pensamientos es inmenso. Mira a ver qué te dices y en qué tono te lo dices. Somos así, nos creemos todo lo que pensamos y además creemos que tenemos razón en ello. Así que mientras te convences de que tú eres mucho más que tus pensamientos, aprende a decirte cosas bonitas.
- Haz todo un poco más despacio. ¿Para qué tenemos tanta prisa? ¿Llegamos tarde a algo de forma continua? ¿Por qué vivir siempre como al límite, en alerta, sometiendo a nuestra mente y a nuestro cuerpo a una tensión no siempre necesaria?
- Sal de ese lugar en el que no te reconoces, donde tus pensamientos son solo grises y negros, donde nunca te sientes en calma, donde no escuchas tu voz interior, tu intuición, donde tu cuerpo está tenso y bloqueado… Y para salir de ahí, lo primero es “darte cuenta”. Una vez que uno sabe dónde está es más fácil buscar y encontrar la salida.
- Olvida los objetivos ridículos que te autoimpones: frenar el envejecimiento, alcanzar el perfeccionismo, querer complacer a todos, vivir obsesionado por la apariencia o por cualquier otra obsesión, controlar lo que no depende de ti, sentirte responsable de que los que amas se sientan siempre felices…
- Deja de procrastinar. Deja de posponer, de dejar para luego o para mañana. Da el primer paso por muy largo que sea el camino.
- ¿Por qué no cumples contigo mismo? Cumples con todo y con todos, tienes tiempo para lo que te pidan, no fallas… y, sin embargo, cuando te propones autocuidarte en algún aspecto, siempre hay una excusa para posponerlo. ¡Qué poco cortés, con lo educado que tú eres!
- Si algo no te agrada, quítale el único poder que tiene: tu atención. Sácalo de tus pensamientos, de tus emociones… La meditación es una gran herramienta para ello, aunque es cierto que nos lleva a un terreno donde nos encontramos a solas con nosotros mismos y esto no siempre nos gusta.
- Deja de anticipar y preocuparte. El 90% de las cosas que nos preocupan, jamás suceden, ¿para qué tanta preocupación?, ¿para qué tanto dramatismo? Deja de “pre-ocuparte” por el mañana que aún no llegó y ocúpate del ahora, que lo tienes aquí y corres el riesgo de que se te escape entre las manos.
¡Cuántos deberes! Acomete aquel que te haga sentir más cómodo o aquel que te saque de la incomodidad. Acomete alguna de estas o cualquier otra que se te ocurra y te resuene a autocuidado, a hacerte sentir mejor, más satisfecho y vivo. No es necesario acudir a nada complicado ni a comprar artilugios o cachivaches, como seres humanos traemos de serie el kit completo para autocuidarnos.
Comparte