¿Adolescentes frágiles o antifrágiles?

Nassim Nicholas Taleb, libanés, es ensayista, investigador y financiero y ha dedicado su vida a estudiar los problemas de la suerte, la incertidumbre, la probabilidad y el conocimiento. Él habla de un concepto curioso:
La antifragilidad es más que resiliencia o robustez. Lo robusto aguanta los choques y sigue igual; lo antifrágil mejora. Esta propiedad se halla detrás de todo lo que ha cambiado con el tiempo: las revoluciones, la innovación tecnológica, el éxito cultural, la supervivencia empresarial, las buenas recetas de cocina, el ascenso de ciudades, las bacterias resistentes… incluso nuestra existencia como especie.
Muchas veces hablamos con cierto hartazgo y un matiz de desprecio de los adolescentes. Son impulsivos, débiles, poco tolerantes a la frustración, un poco narcisistas, hedonistas, inatentos, inmediatos, exigentes, frágiles… Estos y otros muchos más adjetivos, no siempre amables, utilizamos para definirlos. Y yo me pregunto si esta etapa apasionante de la vida de las personas no está llena de antifragilidad.
Ser antifrágil supone que, ante elementos externos, estresantes y que generan desorden (incertidumbre, caos, errores, imprevistos, etc.) la persona, sencillamente, se hace mejor. Atravesamos una de las etapas más llena de incertidumbre de la historia y nuestros adolescentes surfean esa realidad como saben y como pueden, y no suelen hacerlo mal. Otra cosa es que lo hagan como nos gustaría a los adultos; pero es que su mundo, sus patrones ya no tienen nada que ver con los que nosotros vivimos.
Según este autor hay cuatro tipos de reacción al cambio, que definen cuatro tipos de personas, aunque una misma persona puede mostrarse diferente en diferentes contextos o situaciones. Vamos, ¡como la vida misma!
Veamos estos cuatro tipos de estructura:
- Fragilidad: hay ruptura personal, hay quiebra, ante la aparición de elementos estresantes o turbulentos, como el desorden, el caos, la incertidumbre o sencillamente golpes o reveses externos. Los frágiles buscan la tranquilidad.
- Robustez: no se inmutan ante un elemento externo, permanecen estables e impasibles, sin afectación personal. ¡Ojo! Que esto se aplica tanto a lo que sucede en negativo como en positivo.
- Resiliencia: este es un concepto que viene de la física y de la reacción de los materiales. Desde un punto de vista psicológico es “la capacidad humana de asumir con flexibilidad situaciones límite y sobreponerse a ellas”. Es decir, las personas se ven afectadas, pero vuelven a recuperar su estructura original, pasado un tiempo.
- Antifragilidad: supone que no sólo sobrevive al cambio, sino que se beneficia de la crisis, mejorando tras ello. Ni los robustos, ni los resilientes, se ven perjudicados ni beneficiados por la volatilidad y el desorden, mientras que los antifrágiles se beneficia de ambos. A los antifrágiles les agrada cierto nivel de desorden.
Total, que cuando nos sentemos ante un adolescente, recordemos todo el abanico de posibilidades que tenemos y recordemos también que no somos animales de una única respuesta, sino de respuestas diversas ante situaciones diversas. La cuestión es ayudarles a sacar todo el potencial que encierran nuestros jóvenes dentro.
Dori Díaz Montejo
Psicóloga educativa
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