Cerrado por vacaciones

Atrás quedaron las reuniones, las agendas repletas de citas, los encuentros con padres, las charlas de formación, los informes, la lectura de normativas y leyes, las tutorías, los claustros… Atrás quedaron montones de tareas profesionales que poblaron nuestro organizador, nuestra cabeza y nuestro corazón.
Atrás quedaron también los nervios ante un auditorio lleno de personas a las que comunicar, la alerta ante una familia reivindicativa, la compasión ante el sufrimiento de los adolescentes, la calma transmitida ante la ansiedad frente a los estudios y las notas, la paciencia frente a organizadores de deberes, tareas, trabajo, la tristeza de los objetivos no logrados, el orgullo de los sí alcanzados…
Atrás quedó un nuevo curso con toda la vida que contiene y conlleva. Con tantas vidas acompañadas. Y ahora es tiempo de cerrar, de descansar, de reponer fuerzas y también, quizá, de dejar alguna ventana abierta para nuevos proyectos. Por eso, allá van algunos consejos que te queremos regalar. Coge los que más te convengan, pero recuerda que los que más te incomoden o rechaces, suelen ser los que más necesitas, aunque no lo quieras reconocer:
- El tiempo mental libre es necesario, al menos, temporalmente. Disfruta del “dulce no hacer nada”. ¿Sabes hacerlo? No es tiempo de trabajar, pero sí de reflexionar: de evaluar cómo has transitado por el curso y en qué puedes mejorar.
- El cansancio es acumulativo, pero el descanso no lo es. ¿Te suena que el 2 de septiembre, tras unas vacaciones maravillosas, ya estás pensando de nuevo en ellas? Pues eso, que agendes el descanso y el disfrute en tu día a día.
- Dedica tiempo a lo que no sueles hacer durante el curso porque no puedes, porque no te da la vida.
- Cuida las dimensiones de tu persona a las que menos atención suelas dedicar: es tiempo de hacer deporte si el trabajo te obliga a estar muy sedentario; o de hacer cosas con las manos si la que manda es tu cabeza siempre a mil; o de velar por las relaciones que descuidas por falta de tiempo o energía…
- Organízate, siendo flexible, pero organízate. Eso sí, ¡ojo! ¡no se te vayas a llenar la agenda tanto o más que durante el curso! De no hacerlo corres el peligro de que el tiempo de disfrute se te vaya entre los dedos de las manos. Si te organizas con fluidez, sacarás más provecho y disfrutarás más.
- Ahora es tiempo de vacaciones, cuando venga el curso es tiempo de trabajo. Saborea el aquí y el ahora, el momento presente. No anticipes, no rememores, saborea. A veces, hemos olvidado, también, cómo hacerlo.
- Cuídate, déjate cuidar y cuida. A esto deberíamos dedicar la mayor parte de nuestra vida. Luego, el entorno, el lugar, las personas… serían lo de menos. Entonces, daría igual estar de vacaciones que trabajando, porque tendríamos claro nuestro cometido. ¡Esto tiene mucha tela!
Mientras conseguimos alguna de estas cosas, disfruta, celebra, vive este tiempo de vacaciones, de descanso, de “cerrado por vacaciones”, o mejor, de entreabierto.
Nos vemos a la vuelta.
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