• Cuidar la mirada

Cuidar la mirada

Cuidar la mirada

De ahí que lo que transmite nuestra mirada siempre es más obvio para el que la ve que para el que la emite. Es algo que no podemos controlar ya que se construye en el encuentro con el otro. Es algo que no podemos “ensayar” puesto que surge de lo más profundo de nuestro ser. La mirada transmite nuestro mundo más interior, ese que no siempre conocemos debido al “Yo ciego” del que hablaba Johari. O como decía William Shakespeare: “La mirada es el lenguaje del corazón”. 

Sin embargo, vivimos mirando y siendo mirados. Y el poder que tiene nuestra mirada en los demás es impactante y condiciona las relaciones. La mirada indica la naturaleza de la relación que tenemos con el otro. Y de ahí la importancia de cuidar qué transmite nuestra mirada cuando nos encontramos con un alumno, un compañero o una familia; la importancia de ser conscientes de cómo miramos a los otros.  

En los departamentos de orientación esos encuentros con los demás suelen ser con personas que, por la razón que sea, están en una situación de cierta vulnerabilidad. Cuanto mayor sea ésta, más cuidado debemos tener con cómo las recibimos, las acogemos, las miramos. 

Así, cuando establecemos una conversación, sí podemos tener en cuenta algunos aspectos: 

  1. Establecer contacto visual con el otro. El contacto visual nos ayuda a interactuar de forma constructiva, a interpretar las emociones de nuestro interlocutor y crea compromiso en la relación. 
  2. Intentar mantenernos a la misma altura que el otro y hablarle de frente. Si quiero que un niño pequeño entienda mi mensaje, lo hará mejor si me agacho que si le hablo desde la distancia. Si quiero hablar con un adolescente o un adulto, contactaremos mejor si estamos los dos sentados. Hablar en el mismo plano implica hablar entre iguales, sin que haya sensación de que uno es superior o inferior al otro. 
  3. Ser consciente de que, como decíamos, miro con todo mi ser. No sólo los ojos (sino el resto del cuerpo) deben estar atendiendo y orientados hacia el otro.  
  4. Una vez establecido el contacto visual, ser capaz de mantenerlo, pero observando qué sucede en el otro: ¿le incomoda? ¿Se siente a gusto? ¿Se avergüenza? Estar atento a lo que nuestra mirada genera en el otro nos dará información de cómo le estamos mirando y, sobre todo, de cómo está siendo de cercana la conversación. 
  5. Cuidar que nuestra mirada sea coherente con nuestro discurso. Como bien sabemos, el lenguaje no verbal aporta mucha más información a la conversación que el lenguaje verbal. Cuidar que no haya discrepancias entre ambos. 

Si en vez de una relación tú a tú estamos en un grupo, en el aula, por ejemplo, hay que ser cuidadoso y hacer barridos, de manera que todos se sientan mirados de una u otra manera. Siempre encontramos en las aulas alumnos que anhelan ser mirados por los profesores pero que, por diferentes razones, pasan desapercibidos.  Y es que la ausencia de contacto visual nos hace invisibles. En clase es fundamental desarrollar esa capacidad de mirar a todos los alumnos, pero que cada uno se sienta único en nuestra mirada. 

En definitiva: “M = A+E+S”. La mirada es la suma de atender, entender y ser. Tengamos en cuenta esta operación en nuestro encuentro con nuestros alumnos, con nuestras familias, con nuestros compañeros, con nuestro entorno. Porque a todos nos gusta, en algún momento, mirar y ser conscientes de que somos mirados por los demás.

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