• Cuidar la vida

Cuidar la vida

Cuidar la vida

Y, ¿cómo cuidar de la vida? He aquí algunas pistas, para ti, para que te cuides:

  1. Aceptar nuestra propia vulnerabilidad.

    Nos cuesta menos aceptar la vulnerabilidad del otro, la debilidad del otro, que la propia. Es nuestra vulnerabilidad la que no sabemos cómo manejar, cuando lo único que ella nos pide es ser aceptada, acogida y, para nota, integrada.

  2. Aprender a mirarnos compasivamente.

    ¿Cuántas cosas feas nos decimos en ese dialogo interno, constante e infinito que mantenemos con nosotros mismos dentro de nuestra saltarina cabeza? “Conócete, acéptate, supérate”. Yo añadiría: ”Perdónate y sigue tu camino amablemente”.

  3. Escuchar tu interior, escuchar tu intuición.

    Hay tanto ruido externo y tanto ruido interno, que hemos olvidado escuchar esa voz que nos avisa, nos anima, nos advierte, nos previene, nos motiva… Esa voz que hace del mejor coach deportivo o del Pepito Grillo más implacable. Esa voz sólo pide un poco de silencio en nuestras vidas.

  4. Validar nuestras emociones.

    Las emociones no son positivas o negativas. Sí es cierto que resultan más agradables o más desagradables. Lo que es positivo o negativo es lo que hacemos con esas emociones, las acciones a las que nos llevan o en las que desembocan. Nombrar, aceptar, validad y legitimar nuestras emociones desde esta perspectiva hace que éstas pierdan intensidad. Ayudar a perder intensidad emocional es como manejar la válvula de la olla a presión para que el gas salga de forma menos expansiva.

  5. Vivir conectados con la vida.

    Es decir, vivir y ser conscientes de ello. Dejar a un lado lo de vivir en piloto automático; el exceso de pasado que nos atormenta y ya no lo podemos modificar; el exceso de futuro que anticipamos con mil historias catastróficas que nunca sucederán. Estáte presente, conectado contigo mismo, conectado con los que te rodean y conectado con lo que nos envuelve.

  6. “Es que yo no soy creativo, no se me dan bien las artes”, “es que yo no sé pintar, ni escribir, ni tocar un instrumento musical”…

    ¡Qué más da! Todos tenemos la capacidad de crear. Crear algo que no era y ahora es. ¿Nunca has ideado una forma nueva de presentar un contenido a tus alumnos, de contar algo o de plantear una actividad concreta? ¡Has creado! Porque has pensado, has conectado con ello, te has emocionado, has celebrado el fruto… ¡Has creado!

  7. Confía, porque no lo puedes todo y necesitas confiar.

    La confianza es fruto de la humildad, de saberse imperfecto y finito. Queremos tener todo bajo control y nada está tan controlado.

  8. ¡Vamos de fiesta!

    Ya habrás comprobado en tu devenir por la vida que no siempre hay fiestas ni grandes celebraciones, pero que sí puedes celebrar lo que eres, lo que tienes, lo sencillo, lo cotidiano, lo humilde… Ahí suele estar lo más bello y lo más grande. Y cuando sea tiempo de “malos tiempos”, acaricia los momentos de satisfacción que la vida te regaló: no curan, pero reconfortan y hacen mirar al futuro con esperanza.

  9. Todo nos ha sido dado,

    todo lo hemos encontrado sin mucho esfuerzo al llegar a este mundo, todo está al alcance de nuestra mano. Por tanto, agradece: lo que tienes, lo que eres, a los que caminan junto a ti en la vida… ¡Agradece!

Ya tienes tarea si has optado por esto de cuidar la vida. Coge lo que te sirva y no deseches el resto porque seguro que será lo que más necesitas. Cuando hayas tomado la decisión de cuidar la vida, ya no pienses… ¡Ponte a ello!

Comparte