• Nuevo año, nuevos propósitos, “chin, chin”

Nuevo año, nuevos propósitos, “chin, chin”

Nuevo año, nuevos propósitos, “chin, chin”

De la vid al buen vino hay un camino largo y laborioso, pero también hermoso y apasionante. Siguiendo el proceso de la cosecha de la uva tenemos una hoja de ruta para los nuevos propósitos del año.  

ENERO. Tiempo de podar. Nos planteamos muchos nuevos planes y proyectos al comenzar el año o el curso, pero previo hay una tarea importantísima a cometer: dejar hueco, hacer hueco. Desechar costumbres, hábitos, formas de hacer… Si hay algo que quiero incorporar, antes tengo que desaprender la forma “vieja” de hacerlo o, al menos, dejar un lugar para que se aloje esta nueva costumbre, conducta, hábito o estilo…  

FEBRERO. Tiempo de plantar. Comenzamos el año lleno de propósitos, sueños, promesas y retos. Duran lo que duran, porque entre soñarlos o imaginarlos y convertirlos en realidad, hay todo un camino de pequeñas rutinas que se convierten en hábitos y que, a su vez, generan nuevas formas de actuar. Tiempo de abrir nuevos senderos, grandes o pequeños, tiempo de plantar las nuevas vides. “Deja de estar a por uvas”. 

MARZO-ABRIL. Tiempo de inflorescencia. Empieza la brotación temprana, luego habrá que limpiar las “malas hierbas”, atar los sarmientos y seleccionar qué se va a dejar crecer. Tiempo de trabajo intenso. Tras el reposo invernal, comenzamos la fase de crecimiento, aún habrá que tener paciencia con uno mismo para empezar a ver resultados, para seguir caminando en la senda deseada o para parar en el camino y aceptarse como uno es, en su debilidad, y no cómo uno anhela ser. 

MAYO. Tiempo de floración. Primeras hojas verdes, aún no hay frutos, pero la vida empieza a renacer, lo que parecía dormido, empieza a despertar. El clima nos acompaña y nos anima. Tiempo de esperanza. Sólo el paso del tiempo no es suficiente, ha de haber buena materia prima, buen trabajo, voluntad y esfuerzo.  

JUNIO. Tiempo de cuajado. Tiempo de fecundación, de encuentros que son nutritivos, fecundos. Tiempo de compartir y contrastar cómo estoy, dónde estoy, cómo voy, desde dónde voy…  

JULIO. Tiempo de despuntes. Tiempo de recortar sarmientos. Tiempo del detalle, de perfeccionar, de ajustar… para todo ello, es previa la reflexión, la parada, la pausa, el tiempo en “off”, el “tiempo fuera” para poder tener “tiempo adentro”. No podemos tomar decisiones ni seguir avanzando en estado de agitación, de prisa, en modo aceleración. 

AGOSTO. Tiempo de envero. Cuando los granos de la uva abandonan el color verde para pasar a un rojo vivo, en el caso de los tintos, o el amarillento blanquecino, en el caso de los vinos blancos, es lo que conocemos como “envero”. Tiempo de transformación evidente, de avance, de no estar parado, anclado, automatizado…  

SEPTIEMBRE-OCTUBRE. Tiempo de vendimia. Tiempo de fiesta y de celebración, de recogida del fruto. Laborioso también, sobre todo, si se hace a mano, que es la mejor forma de vendimiar. Recolectar y transportar con mimo y con cuidado todo lo logrado, todo lo conseguido, todo lo cosechado. Luego, como la vida, nada termina. No hemos llegado al fin. Se inicia ahora todo un largo y precioso proceso de elaboración del vino.  

NOVIEMBRE-DICIEMBRE. Tiempo de caída de la hoja. Llega ahora la fase de reposo, antes del volver a empezar. El otoño amarillea las hojas y las deja caer.  

Chin, chin. Santé. Va por ti. 

Dori Díaz Montejo 

Psicóloga educativa

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