• O STEM de corazón, o no STEM

O STEM de corazón, o no STEM

O STEM de corazón, o no STEM

El término STEM es el acrónimo de los términos en inglés Science, Technology, Engineering and Mathematics. Sirve para agrupar a las cuatro grandes áreas de conocimiento en las que trabajan científicos e ingenieros.

Y todo el mundo habla de ello y parece que, en las últimas décadas, estas disciplinas han adquirido una relevancia desmedida, como si fueran superiores.

Dice Fernández Santos que “educar no es sólo instruir; es, por encima de todo, un acontecimiento relacional, un encuentro con otros que es también un dejarnos afectar por ellos”. Estupenda definición para el concepto de STEM de corazón o, quizá, mejor no STEM.

¿Qué dificultades encontramos para educar desde esta perspectiva?:

  • Los prejuicios, personales, profesionales, sociales.
  • Las creencias no identificadas ni trabajadas personalmente, en nosotros, orientadores o educadores.
  • Las dificultades en la comunicación. Muy importante atender al qué comunicar y cómo comunicar. Nuestros alumnos no siempre están o casi nunca están en la misma onda o frecuencia que nosotros. ¡Ojo con los canales que usamos!
  • El error de los individualismos y los egocentrismos. Hay que educar en equipo. Ya lo dice el profesor, escritor y filósofo español José Antonio Marina, que recuerda en su libro ‘Aprender avivir’ el proverbio africano «Para educar a un niño hace falta la tribu entera».
  • En época fluida, volátil y de constante cambio, el cambio eficaz en educación tiene que ver con posar la mirada sobre los procesos y sobre los contextos. Muchísimo más importante esto que los contenidos.
  • A los educadores se nos pide –y se espera de nosotros– este trío actitudinal de “liderar, desafiar, predecir”.
  • El generar confianza mutua, que de eso va esto de educar y de acompañar. Tú te fías, yo me fío. Tú confías, yo confío. Y para que se dé, tenemos que partir de expectativas de colaboración positivas.
  • Desarrollar una orientación positiva, centrada en los talentos, en las posibilidades y en los potenciales.
  • Consensuar metas, sus metas, con los alumnos y con las familias.
  • El reconocimiento y la valoración, siempre por delante. Luego volverá a ti, como todo en la vida, como un boomerang.
  • Clarificar diferencias en la percepción de los problemas, centrándonos en cómo ocurren y no en por qué ocurren. Esto elimina culpabilidad y abre las puertas al avance, a la autosuperación.

Y tú, ¿cómo lo ves? ¿STEM?, ¿STEM de corazón?, ¿o mejor no STEM?

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